El empate
Texto curatorial
Si se es el débil dentro de la contienda, empatar será siempre una victoria, y en ella no reside ninguna vergüenza porque no ser el derrotado es en sí un resultado respetuoso, si por el contrario las estadísticas lo consideran a uno como el más fuerte, ganar será un imperativo, un resultado adverso no sería solamente vergonzoso, sino también demoledor para el ego que sin saberlo subestimó al oponente y fue incapaz de contenerlo.
El soporte limpio se parece a un oponente con el que se juega un partido, nunca se sabe quién es mejor que el otro, la derrota siempre es posible, de manera que el ejercicio de la imagen queda sometido a la obligación del éxito, como si en el arte las funciones de análisis implicaran un rendimiento similar al que se le pide al proceso productivo, si no funciona siempre podremos exigirle un poco más.
Por ese camino los autores nos obligamos a que nuestro trabajo sepa contestar en las conferencias de prensa, mentales o reales, en las que se le interroga sobre la base de algún canon: sur global, proyecto de investigación, archivo, pintura, juego, desobediencia, activismo etc., Y así arriesgamos la domesticación de las fuerzas que vinculan las ideas y las relaciones que promueven materiales nuevos, a veces forzando en estos vínculos explicaciones que hacen posible in pitch de estilo anglosajón, con el que nuestros resultados puedan ser leídos bajo la lupa de un sistema racionalista.
¿Pero qué pasa si la fuente de estos objetivos está seca? ¿Qué pasa si el hartazgo del mundo se atraviesa e impide creer en cualquier cosa? El niño ha gritado que el emperador está desnudo hasta que cualquier nueva pieza de arte resulte ser un átomo del vertedero.
Debo decir que un sentimiento parecido me inunda de forma creciente desde hace un tiempo, soy al igual que mis contemporáneos el agente de un cansancio y de una aceleración, y por lo tanto las partes de mi maquina se desgastan con rapidez, de manera que en algún momento el auto se detiene y solo sale vapor de su motor, dejando a su conductor perplejo frente a la realidad de saberse ignorante sobre como reconectar las mangueras que se han rebelado debajo del capo. Alegremente siempre existe la alternativa, aunque sea temporal, de abandonar el desastre y salir caminando.
Esta exposición, con todas sus decisiones y tuercas, es la respuesta a la invitación a realizar una exhibición en el marco de una cuarentena global, en la que quedaron encerrados los cuerpos, el oxígeno y, sobre todo, los engranajes del mundo. Imaginarla y hacerla ha sido una experiencia llena de belleza y derrota, en la que la desaparición del tiempo, de los objetos y de las imágenes hizo que la tragedia del tiempo se viera, al menos en la burbuja de una sala de arte, como una comedia.
He retomado una práctica típica de los estudiantes, dibujar con carboncillos sobre papeles de bajo costo, como si se hicieran ejercicios de clase, de esos que no se comprometan con nada muy grandioso, pero que se disfrutan con ingenuidad, dibujos sin precio ni destino comercial, sin retórica ni futuro, condenados desde su nacimiento a morir en la clausura, tan míticos y vulnerables como cualquier afiche pegado con engrudo en una calle, o un rápido grafiti que no sabe cuánto vivirá antes de ser reescrito.
Estos dibujos son un índice de imágenes aleatorias que navegan entre temas, el humor negro, la tragedia, el colapso, la poesía, el misterio, la teología de las diapositivas o el ridículo pato Donald. Asociadas entre sí con la misma naturalidad con la que aparecieron, relacionan sujetos del mundo con asuntos del mundo, reposan fijas en los muros de una sala de exhibición, adheridas y planas, el carbón, que no es sino humo, está apenas sujeto al papel, susceptible de dedos curiosos que lo secuestren. Imágenes condenadas a no poder sobrevivir, son tanto el tiempo que tomó hacerlas, como el que tienen para ser miradas o el que tomará destruirlas; su vida es un episodio corto que se planta como un gesto sobre el trabajo, solemne e inútil, de manera que entre sus formas y funciones el empate de propósitos puede ser un resultado apropiado.










